sábado, 13 de abril de 2013

PLANIFICAR CON PROPÓSITO

Hace unos días a través de mis amistades del facebook vi un video de una novia que, por sorpresa, le cantó una hermosa canción a su novio, creando un momento inolvidable para ambos y que me trajo unos sentimientos muy bonitos.
El link de youtube es:
http://www.youtube.com/watch?v=x0-fkNuQC6k

Me pareció que si realmente lo que en ese momento sucedía les servía como un ancla para que en su futuro matrimonio continuaran con el compromiso que estaban a punto de realizar era maravilloso.

Pocos días más tarde, me encontré con un amigo que hacía unos meses que no veía y me dice que se había separado. Me cuenta sus razones, entre las que solamente se encontraban las del tipo de "ya no había chispa", "sentía que estaba perdiendo el tiempo", etc.
Comprendo estos pensamientos cuando no hay un propósito conjunto, cuando la vida se trata únicamente de pasar el tiempo juntos lo mejor posible, disfrutar hasta que las ganas de hacerlo como pareja se acabe y luego a otra cosa.

Creo firmemente que, tal y como aprendí hace poco (o, más bien, recordé de nuevo lo que ya sabía) necesitamos planificar con propósito, tanto como personas individuales, como matrimonios, como familias, como empleados, empresarios,...
A menudo pensamos que en nuestro futuro se encuentran hechos que ocurrirán por sí mismos, que nos van a llegar sin ningún esfuerzo ni planificación por nuestra parte. Y, además, que todo esto va a suceder sin que por el camino haya dificultades u oposición.
Y si hay algo cierto y constante que podemos tener claro es que, en primer lugar, si fallamos en planificar estamos planificando para fallar; y, en segundo lugar, el camino hasta el destino (el que nosostros creamos) está lleno de obstáculos que hay que afrontar y superar hasta llegar a él.

Para lograr cierto grado de Grandeza es necesario tener un propósito, el cual es difícilmente alcanzable si no lo planificamos adecuadamente.
Os invito (me incluyo) a buscar ese o esos propósitos en la vida, a planificarlos y a actuar en consecuencia.

martes, 22 de mayo de 2012

Mediocridad vs. Grandeza

Por unos momentos he pensado en mi vida. En los últimos tiempos (semanas, meses,... qué más da) me he dado cuenta de que no he sido quien yo quiero ser. Y recalco el verbo "quiero".
Hace tiempo decidí ser de una manera, vivir mi vida de tal forma que pudiera hacer una diferencia (positiva) en este mundo, aunque solamente fuera en mi entorno más cercano.

Sin embargo, me doy cuenta de que no he sido capaz de hacerlo.
Esto tiene dos lecturas: una que me dice que he fallado; otra que me indica que el haberme dado cuenta me proporciona un nuevo punto de apoyo para elevarme desde la mediocridad en la que me he instalado hacia la grandeza que aún queda lejos, pero que puedo ver en el lejano aunque alcanzable horizonte.

Dos caminos divergían en un bosque
Y seguí el menos transitado.
Y eso lo ha cambiado todo.
ROBERT FROST

Hoy y ahora yo también elijo seguir el menos transitado hacia la grandeza.
¿Nos vemos allí?

domingo, 13 de mayo de 2012

La excelencia

Stephen Covey dice en el libro del "8º Hábito":

"Tratar de hacer las cosas bien y tratar de vencer a otros son dos cosas diferentes. La excelencia y la victoria son conceptualmente diferentes y se experimentan de manera diferente".

Si miro la sociedad en general, lo que más veo es el sentimiento competitivo, alguien tiene que ganar a alguien en algún aspecto: ser mejor que el vecino, tener un mejor coche que alguien, tener una posición superior en algún estamento público o privado, tener más poder, ser más influyente,...
El pensamiento es "más" en el sentido comparativo.

Sin embargo, la Grandeza no se logra en la victoria sobre los demás, sino en la excelencia por sí misma, en el hecho de hacer las cosas bien sin buscar la comparativa.

Desde mi punto de vista, los padres tenemos mucho que decir en cuanto a cómo se desarrolla la sociedad. Si enseñamos a nuestros hijos la verdadera Grandeza (la búsqueda de la excelencia sin la comparación ajena) habremos aportado nuestro granito de arena para que lo que vemos a nuestro alrededor mejore generación tras generación.
Si, por el contrario, enseñamos a nuestros hijos en base a la comparativa y a ser siempre competitivos buscando la victoria "sobre otros", no tengo ninguna duda de que no nos va a gustar lo que veremos con el tiempo (en parte ya lo vemos) y que es lo que nuestros hijos van a heredar.

Te animo a pensar en ello y a ser un modelo por medio del ejemplo y del precepto de esta búsqueda de la Grandeza y a dejar la competitividad a los deportistas (los cuales pueden ser competitivos de manera sana o no, pero eso es otro tema que no voy a tratar aquí).

domingo, 6 de mayo de 2012

¡¡FELICIDADES A TODAS LAS MADRES!!

Primer domingo del mes de mayo = día de la madre (al menos en mi lugar de residencia; soy consciente de que esto varía en otros países).

Aunque mi madre murió hace ya muchos años (cuando tenía yo 18), mis recuerdos sobre ella aún siguen vivos dentro de mí.

Recuerdo sus horas de dedicación en las labores cotidianas del hogar.
Recuerdo su paciencia al ayudarme a hacer los deberes del cole y con la preparación para los exámenes.
Recuerdo su perdón y el amor que siempre me manifestó a pesar de mis errores.
Recuerdo sus cuidados cuando estaba enfermo.
Recuerdo sus años de sevicio y de sacrificio por mí y por el resto de mi familia.

También me acuerdo de mi abuela, su madre, que era como ella y de quién aprendió a ser como fue (supongo que influyó en gran medida).

Lo que hacen las madres día a día... ¡eso es Grandeza! Por todo esto y mucho más que no os cuento... ¡Muchas gracias a mi querida madre!¡Muchas gracias a mi querida abuela!

Y como no, ¡Muchas gracias a mi amada esposa que se parece tanto en todo lo bueno a mi madre y a mi abuela!

¡MUCHAS GRACIAS A TODAS LAS MADRES!
¡FELIZ DÍA!!
¡Seguid siendo Grandes!

martes, 1 de mayo de 2012

‎Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo

En el día de hoy me gustaría compartir un fragmento que se encuentra en las primeras páginas del libro "El 8º Hábito" del Doctor Covey que, a mi modesto entender, ilustra las grandes cosas que un ser humano puede hacer si se eleva por encima de las limitaciones cotidianas que nos "impone" el mundo de hoy en día:

"Cuando conocí a Muhammad Yunus, fundador del Grameen Bank —una organización excepcional fundada con el único objetivo de extender los microcréditos hasta las gentes más pobres de Bangladesh— le pregunté cuándo y cómo había tenido su visión. Dijo que al principio no había tenido ninguna visión. Simplemente había visto a alguien que tenía una necesidad, había intentado satisfacerla y la visión se empezó a desarrollar. La visión de Muhammad Yunus de un mundo sin pobreza se puso en marcha tras un suceso que se produjo en las calles de Bangladesh. Mientras le entrevistaba para la columna sobre el liderazgo que publico en diversos periódicos, me relató su historia:

Todo empezó hace veinticinco años. Enseñaba economía en una universidad de Bangladesh. El país se encontraba en plena hambruna. Me sentía fatal. Ahí estaba yo, enseñando las elegantes teorías de la economía en el aula con todo el entusiasmo de un recién doctorado por una universidad estadounidense. Pero cuando salía del aula veía esqueletos por todas partes, gente esperando a morir.
Sentía que todo lo que había aprendido, todo lo que estaba enseñando, eran fantasías que no tenían sentido para la vida de la gente. Así que empecé a intentar averiguar cómo vivía la gente del poblado que había junto al campus de la universidad. Quería saber si, como ser humano, había algo que pudiera hacer para retrasar o impedir la muerte aunque sólo fuera la de una sola persona. Abandoné esa perspectiva a vista de pájaro que te lo deja ver todo desde arriba, desde el cielo. Y adopté el punto de vista de una lombriz, tratando de ver lo que tenía delante, tratando de olerlo, de tocarlo, para ver si podía hacer algo al respecto.

Hubo un incidente concreto que me llevó en una nueva dirección. Conocí a una mujer que hacía taburetes de bambú. Después de hablar mucho con ella descubrí que sólo ganaba dos centavos de dólar al día. No podía creer que alguien pudiera trabajar tanto y hacer unos taburetes de bambú tan hermosos sacando tan poco beneficio. Me explicó que al no tener dinero para comprar el bambú para hacer los taburetes, tenía que pedir dinero prestado al comerciante y éste le imponía la condición de que sólo le vendiera los productos a él y a los precios que él dictara.

Y eso explicaba los dos centavos: estaba virtualmente encadenada por esa persona. ¿Y cuánto costaba el bambú? «Pues unos veinte centavos. Y si es muy bueno, veinticinco», me dijo. Pensé: « ¿La gente sufre por veinte centavos y no hay nadie que pueda hacer nada al respecto?». Estuve considerando si debía darle veinte centavos a la mujer, pero se me ocurrió otra idea: hacer una lista de personas que tuvieran esta necesidad de dinero. Llamé a uno de mis estudiantes y tras visitar el poblado durante varios días acabamos haciendo una lista de cuarenta y dos personas en esas condiciones. Cuando sumé la cantidad que necesitaban en total, me llevé la sorpresa más grande de mi vida: ¡el total ascendía a veintisiete dólares! Me sentí avergonzado por formar parte de una sociedad que ni siquiera podía ofrecer veintisiete dólares a cuarenta y dos seres humanos muy trabajadores y hábiles.
Para librarme de aquella vergüenza saqué el dinero de mi bolsillo y se lo entregué a mi estudiante. Le dije: «Da este dinero a las cuarenta y dos personas que hemos conocido y diles que es un préstamo y que me lo pueden devolver cuando puedan. Mientras tanto, que vendan sus productos a quien se los pague bien».

Recibir aquel dinero les llenó de entusiasmo. Y aquel entusiasmo me hizo pensar: «Y ahora, ¿qué hago?». Pensé en la sucursal bancaria que había en el campus de la universidad y fui a ver al director para proponerle que les prestara dinero. ¡Se quedó de piedra! Me dijo: « Usted está loco. Eso es imposible. ¿Cómo vamos a prestar dinero a gente pobre? No tienen solvencia». Le supliqué diciéndole: «Al menos pruébelo, averigüelo: sólo es una pequeña cantidad de dinero». Me dijo: «No. Nuestras normas no lo permiten. No pueden ofrecer ninguna garantía y no vale la pena prestar una cantidad tan pequeña». Me propuso que fuera a ver a los altos cargos de la jerarquía bancaria de Bangladesh.

Seguí su consejo y fui a ver a las personas realmente importantes del sector bancario. Todas me dijeron lo mismo. Al final, tras varios días yendo de un lado para otro me ofrecí yo mismo como fiador. «Avalaré el préstamo yo mismo, firmaré todo lo que haga falta y así me podrán dar el dinero para que yo se lo pueda dar a quien quiera.»
Y así es como empezó. Me advirtieron una y otra vez de que los pobres que recibieran dinero nunca lo devolverían. Les dije: «Correré el riesgo». Y lo sorprendente fue que me devolvieron hasta el último céntimo. Lleno de entusiasmo, fui a ver al director y le dije: «Mire, devuelven el dinero, no hay ningún problema». Pero me respondió: «¡Qué va! Sólo lo hacen para engañarle. Pronto le pedirán más y ya no se lo devolverán». Así que les di más dinero, y también me lo devolvieron. Cuando se lo dije, me respondió: «Bueno, a lo mejor lo puede hacer usted en un poblado, pero si lo hace en dos no le funcionará». Enseguida lo hice en dos poblados, y también funcionó.
Al final se convirtió en una especie de lucha entre yo mismo, el director del banco y los altos cargos. No dejaban de decirme que con un número mayor de poblados, puede que unos cinco, vería que tenían razón. Así que lo hice en cinco poblados y lo único que pasó fue que todo el mundo me devolvió el dinero. Pero ni así se dieron por vencidos. Me dijeron: «Diez poblados. Cincuenta. Cien». Al final se convirtió en una especie de competición entre ellos y yo. Les presentaba unos resultados que no podían negar porque el dinero que yo prestaba era suyo, pero no podían aceptarlo porque se les ha entrenado para que crean que los pobres no son de fiar. Por suerte, yo no había recibido esa formación y podía creer en lo que estaba viendo, tal como sucedía. Pero la mente de los banqueros, su visión, estaba cegada por el conocimiento que poseían.

Al final pensé: «¿Y por qué me empeño en convencerlos? Yo sí que estoy totalmente convencido de que la gente pobre puede recibir dinero y devolverlo. ¿Por qué no creamos un banco nuevo?». Esta idea me apasionó. Redacté la propuesta y pedí autorización al gobierno para crear un banco. Convencer al gobierno me llevó dos años.
El 2 de octubre de 1983 nos convertimos en un banco, un banco formal, independiente. ¡Y qué entusiasmados estábamos todos! Ahora teníamos un banco propio y podíamos expandirnos como quisiéramos. Y eso es lo que hicimos.



El Grameen Bank trabaja ahora en más de 46.000 poblados de Bangladesh y cuenta con 1.267 sucursales y más de 12.000 empleados. Ha prestado más de 4.500 millones de dólares en préstamos de doce a quince dólares, con una media inferior a los 200 dólares. Cada año concede cerca de 500 millones de dólares en préstamos. Incluso ofrece préstamos a mendigos para ayudarles a salir de la calle y empezar a comerciar. Un crédito para la vivienda asciende a trescientos dólares. Se trata de cantidades pequeñas para quienes nos dedicamos a los negocios. Pero considerémoslo desde el punto de vista del impacto individual: prestar 500 millones de dólares al año significa que 3,7 millones de personas, el 96 % de las cuales son mujeres, toman la decisión de que pueden hacer algo para cambiar su vida y la vida de sus familias; 3,7 millones de personas deciden que son capaces de cambiar las cosas; 3,7 millones de personas sobreviven a una noche en blanco para presentarse a la mañana siguiente, temblando pero resueltas, en una oficina del Grameen Bank."

Como dijo Gandhi en una ocasión (o quizás en más de una) ‎"Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo".
Esta persona lo fue y me doy cuenta de cuán lejos he estado durante una buena parte de mi vida de esta actitud, de este pensamiento, de actuar de este modo, y me propongo cambiar y trabajar para ser el cambio que el mundo necesita (al menos en mi entorno).

¿Y tú?

domingo, 21 de agosto de 2011

La Historia De Los Leñadores: Una Lección De Vida


RECIENTEMENTE TUVO LUGAR el “Campeonato Mundial de Leñadores” que se celebra todos los años en Canadá. ¿Los finalistas? Un Canadiense y un Noruego llamados Peter y Johann respectivamente.
Su tarea era muy sencilla. A cada uno de ellos se le adjudicó un sector del bosque. Aquel que talara más árboles entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, sería el ganador.
A las 8 en punto sonó el silbato y los dos leñadores se pusieron manos a la obra con destreza. Iban talando intercambiando golpe tras golpe hasta que a las nueve menos diez el Canadiense oyó que el Noruego se detenía… Advirtiendo su oportunidad, ¡el Canadiense redobló sus esfuerzos!
A las 9, el Canadiense oyó que el noruego comenzaba a talar otra vez. Una vez más parecía que iban talando intercambiando golpe tras golpe, ¡hasta que a las diez menos diez el Canadiense oyó que el Noruego se detenía! El Canadiense perseveró, decidido a sacar el mayor partido posible de la debilidad de su adversario.
A las 10 en punto, el noruego comenzó a talar de nuevo. Hasta que a las once menos diez hizo una nueva pausa. La confianza del Canadiense iba en AUMENTO — podía “oler” la victoria y prosiguió con su ritmo regular y constante.
Y así sucesivamente a lo largo de todo el día. Cada hora a menos diez, el noruego paraba y el Canadiense seguía talando. Cuando sonó el silbato a las 4 de la tarde señalando el final de la competición, ¡el Canadiense estaba absolutamente convencido de que el premio era suyo! Te podrás imaginar cuál sería su sorpresa al descubrir que había perdido…
“¿Cómo lo hiciste?” le preguntó al noruego. “Cada hora a menos diez oía que te parabas. ¿Cómo demonios pudiste cortar más árboles que yo? ¡No es posible!”
“Pues realmente es muy sencillo,” respondió el Noruego con franqueza. “Cada hora a menos diez, paraba. Y mientras tú seguías talando, yo me dedicaba a afilar el hacha…”

De un tiempo a esta parte creo firmemente que necesitamos un tiempo para nosotros de manera regular durante el cual parar de las actividades cotidianas y "afilar el hacha". Hay muchas actividades que pueden incluirse en este tipo de concepto (cada uno debe de elegirlas), pero si vivimos sin parar al ritmo acelerado de la sociedad, caeremos en alguna de las muchas trampas que existen en el superficial estilo de vida generalizado en el mundo occidental. Mi forma de entender la Grandeza está lejos de lo que la sociedad actual ofrece, por lo que se me hace más importante parar a menudo y reorientarme.

Te invito a pensar en ello, a meditar si tu vida está de acuerdo con tus valores (no con los de la sociedad, no tienen por qué coincidir), a dirigir tus pasos en la dirección que tú sabes que es la correcta. Si ya lo estás haciendo, te animo a que continúes. Si no, te invito a comenzar con este paso "en busca de la Grandeza".

domingo, 14 de agosto de 2011

La flor más hermosa


Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

Sabiendo esto, decidió celebrar una competición entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta.

Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
"Hija mía, ¿que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura".
Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz".

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Deben cultivarla con amor y hacerla crecer. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí esposa y futura emperatriz de China".

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades o relaciones.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse por el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía, pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que, sin importar las circunstancias, ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.

Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles".

En un mundo donde valores como la honestidad se están perdiendo, cultivar estos atributos tiene su recompensa, aun cuando a corto plazo no nos lo parezca.
Sé honesta. Sé honesto. Sé Grande.